lunes, 7 de agosto de 2017

Cornón, Penouta y arista


6 de agosto de 2017.

“Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”
René Goscinny y Albert Uderzo, Asterix el Galo.

Perico emprende su camino en Mordor, reino cubierto por las tinieblas y sombras, flanqueado por las montañas, allá donde la luz no tiene existencia y el sobrevivir se convierte en dura lucha en búsqueda de la luz, encontrada siempre allende al Sur, en el lugar llamado León.

Trasgu, por su parte, parte del Reino del Fuego, allí donde las llamas lo cubren todo, sin dejar aliento, sin resuello siquiera para conciliar mínimamente el descanso, donde la simple oportunidad de tomar aliento se trata como una búsqueda diaria.

No ha lugar al término intermedio, los aborígenes de Mordor necesitan el Fuego, los del Reino del Fuego buscan las sombras. Ambos se necesitan, pero no se comparten; del uno se pasa al otro, del otro al uno, sin que exista lugar donde alcanzar en ningún momento la deseada medianía. ¿O si?


Estamos en el año 17 del segundo milenio después de Cristo, toda la Hispania está dominada por la tiranía de Mordor al norte y la Tierra de Fuego al Sur sin dejar resquicio a una cálida vida ansiada por sus habitantes, … ¿¿¿¿toda????? ¡¡No!! Una aldea poblada por irreductibles astures resiste todavía: el Puerto de Somiedo. Cienfuegos dio buena fe de ello tiempo atrás, lo cual les permitirá a nuestros montañeros buscar semejante lugar.

Allí la vida se trata cada día como un ir y venir de nubes, luchando contra los rigores de las tinieblas al Norte y el fuego al Sur. No hay descanso, no hay reposo. A cambio, en esta pequeña aldea sus habitantes consiguen librarse de ambas esclavitudes, situación añorada por cualquiera de los habitantes de Hispania.

El Puerto de Somiedo se convierte en el punto de encuentro de Perico y Trasgu. Allí ambos tratarían de alcanzar gestas inimaginables en los lugares de los que partieron. Para ello Perico aporta una solución propia de los druidas norteños que les permitirá superar todas las dificultadas para alcanzar tan magnos objetivos: ¡¡el bocadillo de Chosco!! Los recibe el amo y señor del lugar.


Ascensión acumulada: 1216 m.
Distancia: 16.74 km.







De esta forma, todavía dominados por la tinieblas que durante la noche ganaron parte del territorio en Somiedo comienzan su ascensión al Cornón. Los 5º que refleja la temperatura son increíbles para el aborigen de la Tierra del Fuego, nunca lo hubiera creído de no sentirlo en su piel.


No hubiera sido fácil seguir el camino, tal espesura en la niebla les privaba de poder admirar el entorno, pero la ayuda de los dioses en forma de marcas PR dejadas a lo largo del sendero les permitirá adentrarse en las entraña de aquel lugar, en la buscada de las faldas del Cornón.








Atravesarán muy distintos lugares, rocas, charcas, praderas,… se alimentarán de arándanos, buscarán sendero y decidirán en los cruces,… para después de superar todo tipo de dificultados alcanzar el Alto del Barroso, allí donde la lucha entre Mordor y la Tierra del Fuego tiene lugar: a la izquierda el mundo de Mordor, a la derecha la Tierra de Fuego, en continua lucha titánica por ganar terreno el uno al otro, por dominar el territorio.










De esta forma alcanzan la cumbre del Cornón… donde se sentirán sorprendidos al ver que no son los únicos en la búsqueda a aquel lugar. Es más… pueriles aborígenes, de no más de un lustro de edad, procedentes por otros caminos dejarán impresionados a los allí presentes.




En tan titánica lucha, la Tierra de Fuego saca de las tinieblas el camino a seguir: Peña Blanca y la Penouta con su arista pueden ser observadas, mostrando la senda que no deberán perder.


 Alguna fiera deberán evitar por el camino, fiera que cuida el territorio de extraños habitantes con cuernos muy observadores pero poco comunicativos. Esta fiera, cual can cerbero, les obliga a desviarse en la búsqueda de la Peña Blanca, cuya cima alcanzan sin mayores enfrentamientos, allá donde otros si debieron tener intensa pelea por su posición.




Ya en el descenso, habiendo recurrido a los grandes consejos del oráculo Cienfuegos, en su cara oriental, entre peñas y peñones, buscan el camino. El laberinto que parece imposible de descifrar queda resuelto, con la presencia enfrentada de la Penouta, tercera torre del día a alcanzar. Perico refiere su sensación de sentirse en aquel extraño y remoto lugar de Mordor, de nombre impronunciable, conocido como Picos.



Penando por los esfuerzos acumulados, a paso 8000, con la paciencia de quien pueda disponer de todo el tiempo del mundo, alcanzan la cima de la Penouta. El silencio se hace al observar la arista que les permitirá retornar a aquel lugar donde empezaron el día. Trasgu no puede evitarle: “Perico… esa parte del principio… se podrá pasar por el otro lado ¿verdad?” la tragedia se percibe en el ambiente. “El oráculo Cienfuegos no aventuró ningún paso con escalada… confiemos en él”, asevera Perico.





Haciendo gala de su confianza en el oráculo, allí se aventuran ambos. La arista va siendo descifrada poco a poco. “Un poco para arriba”, “otro para abajo”, “arrímate a esta orilla”, “solo hay que tener cuidado de no caerse”, “vaya hostia si te caes”, con “gulipu” incluido (léase a Orbayu) … son las frases que van animando el ambiente. Mientras la Tierra de Fuego con gran esfuerzo contiene las tinieblas en apoyo al empeño mostrado por nuestros montañeros. Perico y Trasgu lo agradecen a los dioses en múltiples ocasiones.




 En el descenso, consumida por el gran esfuerzo, mantenidos fuera del alcance, la Tierra de Fuego cede en su ímpetu, superada de nuevo de las tinieblas de Mordor que cerrarán el camino al paso de la arista.




Solo quedaba volver allí de donde se partió, para, después de las obligadas ofrendas a los dioses en agradecimiento a la ayuda que nos prestaron en el día de hoy  en forma del brebaje dorado y espumoso que para tal fin suele ser utilizado desde tiempos inmemoriales, poder emprender el camino de vuelta, uno a Mordor, el otro a la Tierra de Fuego, y una vez allí dar fe de la existencia de aquel extraño y remoto lugar donde ambos mundos luchan y unos cuantos aldeanos resisten desde se desconoce cuándo las idas y venidas de estas fuerzas.



Trasgu’2017.

viernes, 5 de mayo de 2017

La Barragana


“Lo que sabré yo decir —dijo el cabrero—, es que habrá al pie de seis meses, poco más a menos, que llegó a una majada de pastores que estará como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura”
Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha.

1 de Mayo de 2017

Antigua leyenda es esa que cuenta como habitando un clérigo en tierras del valle de Arbás tuvo el mismo muyer amiga, amante además de concubina o como quisiera llamarlo el lector, una barragana. Ésta lo abandonó, echándole el siervo de Dios una maldición que la convirtiera en una peña, de la cual toma nombre tan legendaria cumbre que parece proteger la villa sobre la que se levanta, Cubillas de Arbás.


Más allá de la leyenda, cierto es que quizás fuera la primera montaña que conocí ya muchos años ha en León, sin haberme nunca dignado a pasear por su cima aun habiendo mostrado aprecio por la misma, quizás por haber sido antepuestas otras a la misma por el hecho de que siempre teníala al alcance.



Se trata de una de esas cumbres que, aun siendo atrayente por su esbelta cima desde Cubillas, siempre acabé dejando para mañana, total… era la tenía al alcance de la mano.



Este día, se trataba de uno de esos días no siendo invierno, tampoco verano, con la fina capa de nieve que el temporal había dejado dos días antes, sin gran compañía que proponga alternativas con las que complacer al acompañante, un día sin grandes metas, el día ideal para cerrar tal episodio abierto tantos años hace.

En día claro, uno no debe tener duda alguna sobre el camino a seguir, siendo evidente y marcado el mismo, lo cual facilita la tranquilidad en el día donde aun no huyendo de la compañía y conversación de pastores y caminante, uno marcha por esas soledades y despoblados buscando aventuras, con ánimo deliberado de ofrecer esfuerzo a lo que la suerte depare, eso si, con la pretensión de gozar tan magnánimo valle.

Sale el caminante de Cubillas, despedido por la iglesia que al recuesto de aquel valle, en la salida del pueblo hacía su guardiana la barragana, pareciendo desearle buen camino y fortuna en el mismo. ¿Cuántos caminantes, pastores y demás habrá visto salir esa campana “fecit en León en 1683”?



Ya despedido de Cubillas, en dirección a la Collada Ferreras, uno no pierde la referencia de la “Cabaña del Pastor”, en calmada ascensión, sin pausa, a la sombra de las paredes norte de la Barragana y del Reguerón.







Con ansiada expectación por conocer la cresta final se va alcanzando el collado que separa el objetivo del día de Peña Negra. La duda surge de forma inmediata … ¿probamos también Peña Negra? Esta decisión la dejaremos hasta el final.



De esta forma, sin pérdida posible, totalmente jitado, uno va recorriendo la espectacular cresta, sin poder evitar asomarse al camino seguido momentos antes, esta vez desde la altura que proporciona el esfuerzo realizado. No se puede evitar, de vez en cuando, echar una mirada a la espalda, tratando de escudriñar por donde ascender Peña Negra … el gusanillo ya estaba dentro.


Pronto uno alcanza a ver el buzón de cumbre, ya lo tenemos al alcance. Disfrutar de estos momentos, alcanzar la cumbre, alguna foto conmemorativa … y, ya que estamos allí, no nos podemos bajar sin finalizar la cresta y admirar lo que la Barragana contempla desde su posición: el valle de Arbás con Cubillas a sus pies. Esplendoroso paisaje.




Pasamos los momentos de autocomplacencia, a uno solo le queda una opción: el retorno. Es en estos momentos, cuando se evalúa si tantear Peña Negra, o disfrutar de media hora tumbado en la media a media cresta, con el collado a los pies, y esta segunda Peña como escenario que observar durante la reposición de fuerzas.



El estado del día, las condiciones del mismo, la compañía del acompañante imaginario, nos lleva a la conclusión que hoy no es el mejor día. Guardaremos Peña Negra (y la Peña del Prado que esconde detrás) para otro de estos días en los uno “no sabe que hacer”. Hicimos una, ganamos dos.





De esta manera, uno hace el esfuerzo de volverse a enderezar para afrontar el relajado descenso, ahora por la cara Sur, para volver allá de donde partimos y a donde nos esperan, despidiéndonos al estilo Carmar … “Salud y Montaña”.



Trasgu’2017.